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Neurocirugía funcional, una historia de idas y vueltas

Introducción

El tratamiento de los trastornos neuropsiquiátricos mediante intervenciones quirúrgicas con ánimo de modular la actividad cerebral suele generar opiniones encontradas. No es raro que surjan discusiones sobre las implicaciones ético-filosóficas inherentes a la potencial manipulación cerebral que pudiese abrir la puerta a modificar la conducta y el pensamiento de los individuos. Es cierto que en tiempos pasados se efectuó un uso inapropiado de esos abordajes (por ejemplo, la ligereza con la que a mediados del siglo pasado se realizaban lobotomías para tratar a pacientes con enfermedades psiquiátricas). Sin embargo, los estándares éticos de la investigación científica actual reducen drásticamente la posibilidad de un mal uso experimental o clínico. De hecho, la neurocirugía funcional para enfermedades neuropsiquiátricas es actualmente un área en expansión, y los procedimientos quirúrgicos de neuromodulación han permitido mejorar la calidad de vida de miles de pacientes. En este contexto los avances tecnológicos han permitido su desarrollo exponencial, tanto contribuyendo a la optimización de las técnicas existentes como creando nuevos modos de impactar en el cerebro con un objetivo terapéutico.